MOTIVO

Espacio dedicado a toda clase de comentario libre y espontáneo, despojado de intereses de cualquier tipo (y mujer)

jueves, 25 de julio de 2013

DUILIO MARZIO, ACTOR INOLVIDABLE


Me gusta reconocer a los artistas que han marcado un camino dentro de nuestra cultura y mucho más cuando esa persona ha sido un ejemplo dentro del medio como el apreciado Duilio Marzio, actor prestigioso y reconocido por todos. Un hombre que ha mantenido una conducta profesional y personal basada en el respeto, la buena educación y cordialidad permanente. Rescato, además de su porte como galán cuando joven y fina elegancia en sus años adultos, el constante buen trato que ha sustentado siempre con sus compañeros de trabajo y ese estilo cortés, gentil que lo caracterizaba para con amigos, conocidos y circunstanciales acompañantes en fiestas o reuniones.
He tenido el gran gusto de tratarlo en una época de mi vida, cuando a mis 20, 22 años cenábamos varias veces por semana junto a mi querido Leonardo Favio, y él, muchas veces, asistía a esas cenas compartidas con distintos personajes cercanos a Favio, como uno de los afectos que Leonardo destacaba entre la gente que había trabajado a su lado en su carrera. Compartieron varias películas actuando en las décadas del ´50 y ´60 y de allí la cercanía y el cariño.
Era todo un señor, amable y cálido, que sumaba esas condiciones humanas a su faceta como actor, agregando las condiciones que ostentaba como intérprete, que lo hacían efectivo, verdadero y talentoso.
Hoy, a los 89 años, dejó de existir físicamente, pero seguramente continuará presente en todos los que lo disfrutaron artísticamente, conocieron personalmente y sabrán de él en el futuro, seguramente, cuando se mencione la lista de inolvidables actores argentinos que conformaron la historia grande de nuestra escena nacional.
Siempre es triste despedir a la gente buena, a los que han llevado adelante una coherencia de vida y un respeto por el otro y por sí mismo como lo hizo invariablemente Duilio Marzio, por eso me apena y entristece mucho su marcha.
Adiós, Duilio; gracias por tu entrega y por tu arte.

DUILIO MARZIO
 
Nacido en Buenos Aires en noviembre de 1923, Duilio Marzio debutó teatralmente en 1949, con amplia actividad cinematográfica en los 50 y el 60, década en la que estudió en el afamado Actor´s Studio de Nueva York, donde sus condiscípulas fueron Marilyn Monroe y Viveca Lindfors.
Se dice que entonces convenció nada menos que a Betty Davis para venir a filmar a la Argentina, pero que ningún productor se mostró interesado.
Tuvo también papeles en distintas series televisivas y fue un reconocido activista de los derechos de los actores, presidiendo la Asociación entre 1964 y 1968.
    
    
Muy apuesto hasta sus últimos días, fue un cotizado galán desde los años 50 y un habitual concurrente a los estrenos teatrales junto a su amiga Diana Ingro, quien estuvo junto a él cuando recibió el Premio ACE 2008-2009 como mejor actor por "El último encuentro", de Sándor Márai.

Aunque de avanzada edad, Marzio no arrastraba ninguna enfermedad crónica y en los últimos meses había comenzado a ensayar para una obra teatral.
El mes pasado fue sometido a un by pass coronario con resultados satisfactorios pero días después fue internado por distintas dolencias, y falleció de un paro cardiorrespiratorio esta madrugada a las 4.30, informaron allegados al artista.
Nacido como Bruno Duilio Ferruccio La Stella, era hijo de un clarinetista italiano que tocaba en funciones del cine mudo, estudió abogacía y música y tuvo un promisorio debut en las tablas con "Fin de semana", de Noel Coward, junto a un elenco estudiantil.
Fue discípulo de Antonio Cunill Cabanellas, quien lo dirigió en "Antígona", en el Instituto de Arte Moderno, oportunidad en que Leopoldo Torre Nilsson quedó prendado por su estilo y lo incluyó en el elenco de "Días de odio" y "La tigra" (ambas de 1953).
También actuó en "El proceso de Mary Duggan", "Trampa para un hombre solo", "Becket" -junto a Lautaro Murúa-, "Equus", "Gigí", "Borges y Perón", con la que realizó amplias giras, y "Las tres caras de Venus" (2005), de Leopoldo Marechal, con Beatriz Spelzini como coequiper.
Su manejo del idioma inglés le permitió hacer giras con unipersonales por distintas universidades norteamericanas, además de poder filmar en esa lengua junto a figuras como Leslie Caron, William Hurt y Robert Duvall.
Entre otras películas argentinas, se destacó en "Sinfonía de juventud", "Ayer fue primavera", "La Tierra del Fuego se apaga" -dirigida por el mexicano Emilio "Indio" Fernández-, "El curandero", "El amor nunca muere", "Edad difícil" y "Surcos en el mar".
    
    
También se lo vio en "Todo sea para bien", "Continente blanco", la emblemática "El jefe", "La caída", "En la ardiente oscuridad", "El candidato", "Un guapo del 900", "Paula cautiva", "Primero yo", "Extraña ternura" y "La Raulito", en 1975.
     
 
       
En las últimas décadas se lució en "Pobre mariposa", de Raúl de la Torre, "Guerreros y cautivas", de Edgardo Cozarinsky, "La peste", de Luis Puenzo, "Las manos", de Alejandro Doria, "¿De quién es el portaligas?", de Fito Páez, "Horizontal/Vertical", de Nicolás Tuozzo, y "Silencios", de Mercedes García Guevara, de 2009, su última incursión frente a las cámaras.
     
    

sábado, 20 de julio de 2013

AMISTAD


La verdadera amistad es desinteresada y si se hace honor al auténtico sentido de la relación, consiste en dar más que recibir; por eso no es fácil encontrarse con amigos en los cuales uno pueda identificarse plenamente, esperando todo lo que se está dispuesto a ofrecer, solo por el simple hecho del lazo genuino y sincero.
A medida que uno crece y el tiempo pasa brindándonos variadas vivencias, nos vamos dando cuenta que los amigos nobles y legítimos son muy pocos y que la identificación que se necesita para sentirse amigo probado, consumado y respetado, cada vez es más difícil de hallar.
Las amistades son muy diversas y existen de distintas maneras, recorriendo una paleta de matices que incluyen un cúmulo de tonalidades entre las que pueden encontrarse la inmediatez, la fugacidad, la temporalidad, la solidez, superficialidad, permanencia, perpetuidad… No siempre uno es correspondido en la amistad, porque no todos son como creemos o queremos que sean, aunque sí podemos descubrir personas de las cuales no esperamos nada y nos brindan acciones y/o actitudes que repentinamente los transforman en amigos sentidos y queridos.
Para mí, la amistad, cuando es franca y despojada de intereses, es un lazo primordial que tenemos los seres humanos, porque encuentro en ella escalas que incluyen muchas de las cosas que siento fundamentales en la vida: sinceridad, afecto, cordialidad, lealtad, sencillez, confianza, naturalidad, libertad, honradez, espontaneidad, energía, compañerismo...
Por lo general, cuando nos referimos a alguien que conocemos, aunque sea de manera circunstancial o somera, decimos que es un amigo y no deberíamos hacerlo así, porque la palabra amigo significa algo mucho más importante que un conocimiento trivial; yo enaltezco a mis amigos verdaderos, los valoro sinceramente, y también los distingo del resto de la gente que pueda cruzarse en la vida de manera esporádica o accidental.
Existen etapas en las cuales uno se hace de amigos rápidamente, otras en las que se eligen más cuidadosamente y otras más, en las que se definen concretamente esos amigos.
No voy a hacer filosofía barata y tampoco usaré zapatos de goma, recordando al gran Charly García, pero sí defenderé siempre la idea que determina al amigo verdadero como un hermano elegido, alguien que se prefiere distinguidamente, a quien se le confían sentimientos, intimidades y emociones que van más allá de lo ocasional o casual, porque justamente esa unión que se da por sobre otras, transforma el lazo en compacto, resistente e indisoluble.
Los amigos auténticos, los que se sienten empíricos, aquellos que se les dice “de fierro” no suelen ser muchos, están los que solo son amigos en las buenas y los que pasan como amigos, precisamente porque pasan. Una frase que alguna vez escuché, define fielmente lo que pienso sobre la amistad: - “Ninguna forma de amor respeta tanto la libertad del otro como la amistad” -, y finalmente, la amistad es amor en estado puro, ya que únicamente se moviliza por su integridad natural y firme consistencia.
Es muy lindo contar con amigos consolidados, férreos, consistentes y mucho más bonito cuando saberse amigo arraigado y concluyente, es una prioridad de valor como en mi caso. Mis amigos son preponderantes en mi vida, trato de rendirles culto y demostrarles mi cariño continuamente, porque es una forma de enaltecerlos y enaltecerme a mí mismo, ya que ese amor bien entendido me nutre el alma, el espíritu y el corazón.

¡FELIZ DÍA A TODOS MIS AMIGOS VERDADEROS!

viernes, 5 de julio de 2013

TE QUIERO, JUAN


Podría decir que mi amistad con Juan Darthés es una herencia. Una herencia mucho más valiosa que las herencias materiales o monetarias que a veces se presentan en las familias acaudaladas. Una herencia basada en la amistad, produce infinitos mayores beneficios que cualquier fortuna económica y mucho más aún, cuando esa amistad es abierta, franca y perdurable como la nuestra. Nuestra amistad heredada, ha ido tomando cada vez más fuerza a través de los años y es un logro de ambos que esto se mantenga en el tiempo. ¿Por qué hago referencia a la herencia de nuestra relación? Porque nuestros padres eran amigos en sus juventudes y a partir de ese vínculo, nos conocimos desde muy chiquitos. El destino hizo que nos dejáramos de frecuentar hasta que llegamos a la adolescencia.
El legado amistoso de nuestros viejos, también se tradujo en la búsqueda de un camino relacionado con el mundo del arte, ya que su padre, Oscar Fuentes, fue un reconocido cantor de tangos y también actor que tuvo gran trascendencia y repercusión a partir de los años ´60, ganador, entre otros logros, del Festival de la Canción de Buenos Aires con el tango de Eladia Blázquez “Mi ciudad y mi gente”, desarrollando también su carrera musical en países como Perú y Brasil. Participó también, personificándose a sí mismo, cantando, de la emblemática película argentina dirigida por Leopoldo Torres Ríos y protagonizada por Armando Bó y Andrés Poggio, “Pelota de trapo”.
Oscar, padre de Juan
Leyla, madre de Juan
    
      Orlando, mi viejo
     Mi padre con su amigo Aníbal Troilo "Pichuco"
Mi viejo y yo
Juan y mi padre en su último cumpleaños
Mi viejo siempre estuvo relacionado a la publicidad y el espectáculo; fue director artístico del Teatro Opera, creador del primer show de tango que incorporó un escenario giratorio titulado “Tango en el Odeón”, realizado justamente en el Teatro Odeón de Buenos Aires y precursor en reunir en escena a grandes figuras como Aníbal Troilo, Edmundo Rivero y Roberto Goyeneche, entre muchos otros. Además de ser un exitoso publicista de su época, habiendo fundado sus propias agencias, Olimpo Publicidad y Dinam Publicidad, mi padre también fue empresario artístico, productor de radio y televisión, ganador del Martín Fierro por el show de Gilbert Becaud en Canal 11 dirigido por Francisco “Pancho” Guerrero. Mi padre fue un tipo multifacético dentro del ámbito creativo, pero en otra oportunidad hablaré especialmente de él. La madre de Juan, Leyla Dartel, también fue actriz y actuó en varias películas argentinas y extranjeras como “Bacará”, “Cerro Guanaco”, “Cavalcade” y “Hombres salvajes”.
Los dos teníamos inquietudes artísticas (Juan y yo) y cada uno por su lado, iniciamos nuestras búsquedas; él, en la Escuela Municipal de Arte Dramático de Buenos Aires y yo, primero en la Escuela de Teatro de Idelma Nudel y después en la de mi querido Agustín Alezzo. Los dos, además, abordamos la música y coincidimos en ese camino, él desde el tango y yo desde la balada.
Este rápido resumen de nuestra historia en común sirve para reflejar la serie de factores que nos unen, más allá de la lógica identificación que existe entre amigos por códigos y valores que se comparten.
Gian Franco y Juan Tomás, sus hijos
Juan es uno de mis amigos más cercanos y queridos, a tal punto que soy padrino de sus hijos Juan Tomás y Gian Franco, en realidad, legalmente soy solo de Gian, pero espiritualmente, me siento padrino de los dos, ya que Tommy fue en sus primeros años de vida como un hijo para mí y mi mujer María Laura. También soy testigo de su casamiento con María Leone, a quien conocimos juntos una noche después de cenar con nuestro amigo en común Manuel Wirzt. Juan ha sido también testigo de cientos de inolvidables momentos de mi historia y vivenció gran parte de mi vida, cotidianamente.
Durante años de nuestras vidas, nos hablábamos todos los días por teléfono y en la actualidad, no pasan más de 10 días sin comunicarnos. En nuestros años de solteros, hemos vivido juntos compartiendo departamento y nuestra convivencia fue impecable, es más, hasta podríamos haber mejorado la famosa versión de Neil Simon “Extraña Pareja”, ya que nos llevábamos mucho mejor que Jack Lemmon y Walter Matthau en la película. (¡Cuac!) (Me gusta incluir el ¡Cuac! característico sonido del pato, como remate de ciertos párrafos que conllevan algo de humor o inofensivo sarcasmo).
Tenemos juntos incalculables anécdotas, infinitas vivencias compartidas, de las buenas, de las malas, de las muy buenas, y no tan buenas… como el destino mismo, que nos marca el camino. Todo lo experimentado ha servido para vigorizar nuestra amistad, la cual ha tenido etapas de alejamiento físico, pero no espiritual. Todo lo que hemos vivido juntos, no lo vamos a volver a vivir con otro amigo, todo lo que nos ha pasado conjuntamente, no lo vamos a poder repetir con un tercero, todo lo que ambos sentimos por nuestra amistad, no lo vamos a palpar nuevamente por alguien más, por eso me quedo con una frase que Juan me dijo el  año pasado en el día del amigo: “A la hora de hacer el balance de las amistades, vos sos mi mejor amigo”. Y con eso, me basta y sobra.
El cariño es recíproco, el amor de amigos que nos tenemos es más fuerte que cualquier motivo externo circunstancial que pudiera herirnos, como en algún momento nos ha pasado y por suerte, hemos superado ampliamente. Ver a sus hijos Tommy y Gian, adolescentes, bien crecidos y proyectando su futuro dentro de la música, me emociona francamente porque además de su nobleza de pibes buenos, continuarán el legado musical de Oscar y Juan, su abuelo y padre, respectivamente.
 
Esta idea que me surgió espontáneamente, de compartir con quienes pasaran por aquí a leer mis ideas, ocurrencias, pensamientos y sensaciones, es muy gratificante para mí y en cierta forma egoísta, porque me permite revalorizar internamente el cariño y el amor por los que quiero, utilizando este espacio y pudiendo hacer público mi sentimiento puro y sincero por la gente que quiero.
TE QUIERO, JUAN. 

DISCOGRAFÍA