MOTIVO

Espacio dedicado a toda clase de comentario libre y espontáneo, despojado de intereses de cualquier tipo (y mujer)

viernes, 28 de junio de 2013

¿QUÉ NOS PASA A LOS ARGENTINOS?



Hace algunos años, el actor Fabio Alberti en uno de los sketchs del programa que hacía junto a Diego Capusotto, “Todo X 2 pesos”, utilizaba un “latiguillo” personificando uno de sus personajes con la pregunta: - “¿Qué nos pasa a los argentinos?... ¿Estamos locos?”-. Y creo que ese interrogante que Alberti incluía humorísticamente dentro de un contexto gracioso en un ciclo cómico y satírico de nuestra realidad como país, calza perfectamente al momento actual que estamos transitando a nivel social y político, ya que como bien visionaba en 1935 el lúcido Enrique Santos Discépolo en su brillante inspiración “Cambalache”… “Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo, todos manoseaos”.
La actual puja política que se empieza a generar por las próximas elecciones legislativas y la confrontación extrema que se ha instalado en los últimos años en nuestro país a favor y en contra del Gobierno, hace que muchos nos preguntemos: “¿Qué nos pasa a los argentinos?”.
Celebro fervientemente que la juventud se sienta incluida y participe activamente de la realidad política, cosa que hasta hace poco tiempo no sucedía, es más, me atrevería a decir que lo político casi ni figuraba en la vida cotidiana de los más jóvenes. Festejo también que los adultos nos hayamos vuelto a interesar a cosciencia y pasionalmente de la realidad social que nos toca en suerte. Pero lo que no venero es que esa pasión y esa consciencia civil y política que hemos recuperado, se traduzca en muchos casos, en rivalidades extremas, llenas de odio y resentimiento, colmadas de rabias y rencores que no aportan otra cosa que malestar y disconformidad permanente.
No soy tan ingenuo y tampoco tan iluso para suponer que todo debería ser color de rosa, porque lo único rosa que hoy queda, quizás, es el nombre de la famosa pantera que nos divertía cuando éramos pequeños al paso de la música de Henry Mancini, pero me gustaría como ciudadano de este hermoso país que tenemos, que las ideas, los ideales y las ideologías se trataran con un poco más de coherencia, afinidad y responsabilidad.
Recurriendo nuevamente a mi admirado Discépolo, reflexiono y recuerdo que… -“el siglo 20 es un despliegue de maldad insolenta, ya no hay quien lo niegue”- y aquellos que nos intentan explicar desde los medios la confusión reinante, aportan aún más leña al fuego, creyendo ofrecer soluciones para avanzar en la dirección correcta, sin darse cuenta que la agresión verbal, puede inspirar por momentos a la física, creando una violencia que no ayuda en nada a la solución de problemas que originalmente todos buscamos.
Percibo mucha irritación, demasiada ira y exagerada indignación y furia en sectores opuestos al modelo que gobierna, y no me refiero solo a la lucha declarada entre el Grupo Clarín y el Gobierno en sí, sino a una gran cantidad de personas, en su gran mayoría con un cierto nivel educativo e intelectual a los cuales no les va tan mal económicamente hablando, que despotrican, golpean y agreden desmedidamente sin tomarse el tiempo de analizar las cosas con un poco más de juicio y sensatez.
Nada es fácil, no todo es sublime, nadie está exento de pecados, no siempre las personas actúan como deberían hacerlo, con honestidad y nobleza, nadie es totalmente impoluto, con perdón de la palabra, (¡cuac!), pero tampoco pienso que todos están solo para robar, únicamente para favorecerse y favorecer a los más cercanos, exclusivamente para cagar al prójimo, no, no… me resisto a creerlo.
Quizás soy demasiado crédulo, cándido o tonto, pero considero que siempre hay más gente buena que mala y que más allá de las ambiciones desmedidas que hemos conocido y conoceremos a lo largo de la historia, existe una gran mayoría que queremos lo mejor para todos. El problema, o uno de los problemas que tenemos es que esa minoría codiciosa e insaciable, en un gran porcentaje de veces a lo largo del camino, ha ocupado y ocupa espacios de gran poder y decisión, los cuales benefician casi siempre a unos pocos que terminan negociando entre sí, sin interesarse por el bien común.
Indudablemente, cuando esos núcleos de poder y decisión se sienten trastocados en su estructura y presagian la pérdida de supremacía y dominio que durante décadas han gozado, generan conflicto y rispidez.
Dejando por un momento de lado la disputa (otra vez, perdón por la palabra, segundo ¡cuac!), que ya casi es combate, entre el Grupo Clarín y el Gobierno, no alcanzo a entender el feroz resentimiento y rencor que veo en algunos por los que piensan de distinta forma, ya que esa defensa irracional y desmedida, no hace otra cosa que generar más tirria y animadversión general, tanto de un lado como del otro.
Sería mucho más deseable que aquellos que solo piensan en desmantelar, destruir y desestabilizar, recapacitaran y proyectaran un país muchísimo mejor para todos, no solo para algunos, y emplearan racionalmente su energía en pos de la adherencia, afinidad y unión con métodos bienintencionados basados en la consideración, la tolerancia y aceptación. Así, de esta manera, finalizando esta reflexión, por lo menos, modificaríamos el vaticinio Discepoliano que cierra “Cambalache”, afirmando aquello que –“es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley”-.
Estoy convencido que no es lo mismo el que vive de los otros, que el que labura noche y día como un buey, tampoco es igual andar los caminos correctamente que estar fuera de la ley y mucho menos matar que curar. Así que, estaría buenísimo que los que pueden y quieren, recapaciten, lo consideren y lleven a cabo  sus pensamientos y acciones moderadamente. Por ustedes, por nosotros, por todos.  

miércoles, 12 de junio de 2013

¡AL GRAN AMADEO, SALUD!... ¡Y FELICES 87!


Hoy cumple 87 espléndidos, lúcidos y felices años, el Gran Amadeo Carrizo, arquero emblemático de nuestro fútbol argentino, histórico portero del arco de River Plate, bondadoso, afable y muy querible ser humano.
Todos los que me conocen, saben que mi pasión por Boca Juniors es intensa e incondicional, y que esa vehemencia de hincha fanático, me cataloga orgullosamente más que como boquense, como “bostero”, porque esa denominación, supuestamente ofensiva del resto de los equipos, nos enaltece aún más y posiciona como seguidores fuertemente animosos, que supera el entusiasmo por preferencia extrema.
Esta aclaración vale para aquellos que quizás no comprenden cómo un hincha de Boca acérrimo como yo, le dedica un espacio destacado a una gloria riverplatense como el querido Amadeo, ya que me une a él un afecto especial y una historia que pudo haber cambiado el destino profesional de mi vida.
Siendo muy jovencito, 13 años, y entusiasmado por el sueño de ser jugador de fútbol, fui a probarme a Boca, cuando “La Candela” era el lugar de concentración y entrenamiento de la primera división y las inferiores. Tuve la suerte de quedar elegido entre muchísimos niños y comencé a practicar y jugar entre dos y tres veces por semana; mi  empeño y fervor, hacían que me destacara como goleador de mi división y que mi alegría creciera cada vez más por ir logrando esos pequeños objetivos, que se iban transformando en aspiraciones cada vez más concretas. El único tema conflictivo que surgió en aquél momento con mi familia, fue la lejanía del lugar donde entrenábamos y la complicación que le producía a mi viejo, llevarme y traerme varias veces semanalmente desde Capital Federal hasta San Justo, en la Provincia de Buenos Aires.
Sin decirme nada y con la mejor intención de mi padre (estoy seguro), impulsado sin duda alguna por esa pronunciada incomodidad de idas y venidas tan extensas, con impredecibles lluvias y largas calles de barro mediante, le pidió a Carrizo, amigo suyo a través de la relación profesional que ligaba al querido Amadeo con Gatic, fábrica del afectuoso, apreciado e inolvidable Eduardo Bachelián, que producía Adidas en Argentina y de la cual mi padre era encargado de la publicidad a nivel nacional con su agencia Dinam Publicidad, que fuera a verme jugar para evaluar si podía llevarme a probar a River; ¡Justamente a River!
Ese día, mi olfato goleador no falló y convertí 2 de los 3 goles con los cuales ganó mi equipo, en el cual ocupaba la posición de centrodelantero; para ser sincero, debo confesar que mi juego estaba más cercano a ser un 9 efectivo y rendidor que a uno sagaz y habilidoso, pero como suele repetirse en los ámbitos futboleros: “Lo importante es que el 9, la meta adentro, no importa cómo lo haga, pero que la meta” y yo, modestamente, cumplía con la regla .
Más allá del hecho, evidentemente, Amadeo me vio condiciones y confirmó el pedido de mi viejo de llevarme al Club de Núñez para probar suerte; recuerdo que para mí fue un conflicto interno bastante fuerte, ya que sentía como una especie de traición al corazón, pasar del club de mis amores al histórico archi rival.
Muy a mi pesar y después de largas charlas familiares, acepté las razones de mi padre, que se basaban fundamentalmente en la imposibilidad de seguir acompañándome hasta tan lejos y la cercanía que existía entre mi casa, ubicada en Palermo y el barrio de Núñez.
Fui a la prueba en River, nuevamente cumplí con mi rol de goleador y debuté con 3 goles que posibilitaron la inmediata aceptación del entonces entrenador de inferiores, Martín Pando, de quien tengo un gran recuerdo por su vocación docente y calidad humana. Como significativo, puedo mencionar que algunos de mis compañeros de ese equipo, llegaron a primera división como Jorge “Tapón” Gordillo, por ejemplo.   
Cuando los compromisos fueron cada vez más continuos y los partidos se realizaban en distintas provincias argentinas, a veces a mitad de semana, provocando una discontinuidad en la educación adolescente, mi padre priorizó el colegio antes que el fútbol y en cierta medida, frustró mi carrera de jugador.
Mi querido Amadeo Carrizo fue muy alentador en una primera etapa, un justo mediador entre mi padre y yo al momento del conflicto al cual acabo de hacer referencia y bastante contenedor cuando dejé de lado el sueño de jugar profesionalmente al fútbol.

Por todo esto y porque es un gran ser humano, bueno, noble, auténtico, humilde, respetuoso, reservado, franco, honorable e ilustre, lo saludo desde aquí con todo cariño, lo recuerdo con gran ternura y lo enaltezco con sumo entusiasmo, ya que además de ser uno de los arqueros más importantes de nuestra historia, sino el más trascendental del fútbol argentino, es una persona que supera humanamente sus logros deportivos, justamente, por su integridad y valores.
¡Felices 87 pirulos, queridísimo Amadeo!, más allá de los apasionamientos futbolísticos, las diferentes preferencias y los distintos colores auriazules y rojiblancos.
Mi cariño más sincero, mis mejores deseos y el mejor de los recuerdos para “EL GRAN AMADEO”.

AMADEO CARRIZO

Nombre completo: 
Amadeo Raúl Carrizo 
Fecha de Nacimiento: 
12 de Junio de 1926 
Lugar: 
Rufino (Santa Fé) 
Puesto: 
Arquero
 

Fue uno de los pioneros en la innovación de técnicas y estrategias en su puesto de guardameta, tales como salir de su área para participar en la defensa; lanzarse a los pies del contrario para arrebatarle el balón en un ataque y utilizar el saque de portería para iniciar un contraataque. También fue el primero en utilizar guantes como medio auxiliar, herramienta hoy corriente para todos los arqueros.

Su estilo de juego formó escuela entre otros afamados porteros latinoamericanos. Jugó ininterrumpidamente en River Plate desde el año 1945 hasta 1968. Jugó el Mundial de Suecia del ´58, ganó la "Copa de las Naciones", disputada en Brasil en el ´64, terminando con la valla invicta, ante equipos de la envergadura de Portugal, Inglaterra y Brasil, el, en ese momento, Campeón del Mundo (Chile ´62), teniendo Carrizo una destacada actuación en todos los partidos, pero sobre todo ante el dueño de casa, en donde Amadeo fue enorme, al frustrar uno tras otro los intentos del equipo de Pelé, y coronando su tarea con un penal que le contiene con "mano cambiada", dirigido por Gerson al ángulo izquierdo, una noche estupenda para Argentina y el gran Amadeo Carrizo. 



En los años 1969 y 1970 jugó para Millonarios de Colombia antes de su retiro definitivo. 
El gran arquero ruso Lev Yashin apodado "La araña negra", lo llenó de elogios y en el único partido que se enfrentaron, el ruso le regaló como homenaje, sus guantes. Fue compañero, entre otros, de Alfredo Di Stéfano, otro grande de River Plate y Millonarios. 
Fue definido en medios europeos como el mejor guardameta del siglo XX en Latinoamérica. La revista deportiva "El Gráfico", en una nota especial lo calificó como:"Un Maestro Sin Época". 

Amadeo dice que su vida cambió cuando Héctor Berra, un antiguo atleta que participó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles ’32, envió una carta a Carlos Peucelle, por entonces técnico de las inferiores de River, recomendándole a Carrizo. Así fue como llegó al club que marcó su carrera y en el que se mantuvo como guardavalla titular del primer equipo durante más de 500 partidos. 

Debutó en la Primera División argentina en 1945 con River Plate, cuyo juego en aquella época le había valido el apodo de "La Máquina". En ese tiempo compartió vestuario con algunos de los mejores futbolistas argentinos de la historia, como Alfredo Di Stéfano , José María Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna, Juan Carlos Muñoz , Néstor ‘Pipo’ Rossi y Félix Loustau, entre otros.

Seguidor de Independiente cuando era niño, su llegada a River le cambió la vida y desde ese momento en su corazón sólo hubo sitio para los colores de este equipo. El debut con River le llegó con 19 años, precisamente contra Independiente. 
River se impuso ese día por 2-1 y Camilo Cerviño pasó a la historia por ser el autor del primer gol que sufrió Carrizo como profesional. 
Su hoja de ‘servicios es tan extensa como brillante. Es el futbolista que más partidos vistió la camiseta de la banda y el único portero que fue campeón en seis ocasiones, incluido el tricampeonato de los años 1955, 1956 y 1957. 

Además, en la selección participó en el Mundial de Suecia ’58 y en la Copa de las Naciones de 1964, en Brasil, donde fue el héroe al contenerle un penal a Pelé y Argentina quedarse con el título, tras vencer a los locales, 3 A 0, Portugal 2 A 0 e Inglaterra, 1 a 0.

Fue un pionero en la innovación de las técnicas y estrategias del puesto Nº 1. 
Carrizo fue el primer arquero que usó guantes de forma sistemática, el primero en salir del área para jugar fuera de ella y el primero en utilizar el saque de portería, usándolo como táctica para iniciar jugadas de contragolpe. 


Su forma de actuar en el arco ha sido seguida por muchos otros reconocidos arqueros sudamericanos, como Hugo Orlando Gatti, René Higuita, o José Luis Chilavert, entre otros. 

Dejó la entidad en 1968, con 42 años, y apuró sus dos últimas temporadas como profesional en Millonarios de Colombia. A su regreso a Argentina tuvo un efímero paso como técnico de Deportivo Armenio y posteriormente siguió vinculado al fútbol como relaciones públicas de una marca comercial (Adidas) y de River Plate.


SU TRAYECTORIA

Jugó 4 décadas 
Ganó 6 títulos con River Plate(1945, 1952, 1953, 1955, 1956, 1957) 
Ganó 1 titulo con la Selección Nacional
(Copa de las Naciones - Brasil - 1964) 
Tuvo 769 minutos el Arco invicto en River Plate
Tuvo 490 minutos el Arco invicto en Millonarios (Colombia) 
Jugó 521 partidos en River Plate (Récord) 
Jugó 60 partidos en Millonarios 
Jugó 25 partidos en Copas Libertadores 
Jugo 20 veces para la Selección Nacional 
Atajó 18 penales en River Plate
Atajó 2 penales en la Selección Nacional



domingo, 9 de junio de 2013

LA MARCA DEL DESTINO


En estos últimos días, con motivo de la presencia de Verónica Ojeda (ex novia de Diego Maradona) en el programa de Susana Giménez, contando intimidades de su relación con él y generando mucho contenido para los programas que se nutren de noticias que rozan el escándalo y las polémicas, he escuchado una serie de opiniones, por lo menos, “ligeras” (para denominarlas generosamente) con respecto a una de los temas a los cuales hizo referencia Ojeda, que se relacionan con su embarazo y posterior nacimiento de Diego Fernando (así se llama el niño que tuvo con Maradona).
Dejando de lado el conflicto que ocupa a Diego y a Verónica por la medida cautelar que Maradona le impuso a través de la justicia a Ojeda para no mostrar a su hijo públicamente y los problemáticos e intrincados pormenores que esto ha suscitado mediáticamente, quiero centralizarme en la confesión que Verónica Ojeda dio a conocer sobre sus mellizos, que después fue uno solo, ya que el otro falleció dentro de su vientre a los seis meses. Por ese motivo, al hacerse los controles periódicos que hoy se realizan en todos los embarazos y al vislumbrar este suceso, decidieron que Diego Fernando Maradona naciera ochomesino.
Ojeda, reveló en el medio de la conversación con Susana: “Estaba embarazada de mellizos, pero un chiquito no pudo desarrollarse. Los únicos que lo sabían eran Diego, mi mamá, mi papá y yo. Me enteré que tenía dos, recién al sexto mes. Dieguito siguió su proceso y el otro bebé, no, quedó chiquitito. ¡Mirá si eran dos! ¡Doble quilombo, Susana!, cerró el comentario entre irónica y risueña.
El suceso por el que pasó Ojeda y el lamentable episodio que vivió la anterior semana, la actriz Laura Franco, ‘Panam’, habiéndole sucedido algo similar, pero más terrible aún, ya que su bebita Chiara sufrió muerte súbita dentro de su panza, horas antes de su nacimiento, produciéndole a la madre, a su familia y a todos los que la quieren bien, un dolor único, inenarrable, tan propio como intransferible, provocaron en mí un viaje al pasado, a mi pasado, movilizando preguntas y dudas que me llevaron a consultarle a mi madre, después de muchísimos, muchísimos años, sobre ese tema tan penoso por el cual ella pasó en dos ocasiones. La primera, en mi nacimiento y la segunda, cuando yo tenía tres años.
En la década del ´60, obviamente, la medicina no contaba con los adelantos técnicos y científicos que existen en la actualidad y los estudios de rutina durante los nueve meses de gestación, no iban más allá de las radiografías y los análisis de sangre; los padres y los médicos se conformaban con lo que había y cursaban ese proceso entre las posibilidades existentes de limitada información y la compañía de la suerte, también.
Pocos saben que yo era gemelo, que mi madre llevaba en su vientre dos niños que se iban gestando juntos dentro de la misma bolsa (los gemelos comparten el habitat y los mellizos se forman en bolsas separadas), y que al momento de nacer, tanto el médico obstetra como sus asistentes, percibieron que algo no estaba bien y allí descubrieron el mortinato, nombre con el que se denomina el fallecimiento en el útero a partir de las 20 semanas de embarazo. Mi hermano gemelo se momificó al cuarto mes de gestación y yo continué mi supervivencia dentro de mi madre como pude, ya que al ser gemelo y encontrarnos dentro de la misma bolsa, como mencioné anteriormente, también compartíamos el cordón umbilical por donde nos alimentábamos; al fallecer mi hermanito, la alimentación que yo recibía era poco suficiente y tuve graves problemas para obtener lo que me correspondía de la nutrición en los meses que sobreviví a mi gemelo fallecido en el útero. No solo fue el tema alimentario el problema, sino también la posición y el espacio limitado en el cual me movía, ya que al estar él momificado, la rigidez del feto a mi lado, causaba inconvenientes en el normal desarrollo físico, de allí que nací con mi hueso maxilar inferior, inserto en el pecho, por ejemplo.
El peso que tuve tampoco fue el ideal, 1, 900 kilos, así que estuve en incubadora hasta recuperar consistencia muscular. Con los días, mi mandíbula se fue acomodando y todo se sucedió dentro de los parámetros normales.
Mi madre relata que fue un momento difícil y angustiante porque tanto ella como yo nos podríamos haber muerto también y gracias al destino, a la capacidad de los médicos, a la suerte y a Dios, por qué no, pudimos sobrevivir a tan extrema situación. Ella, por sobrellevar el embarazo durante nueve meses naturalmente, desconociendo absolutamente las circunstancias y teniendo la gran fortuna de no haber pasado por complicaciones mayores y yo, por haber permanecido durante esos cinco meses posteriores al fallecimiento, dentro de la misma bolsa junto a mi hermano gemelo momificado, resistiendo y perdurando pese a los múltiples inconvenientes originados.
En aquella época, las estadísticas científicas estimaban un porcentaje muy bajo de supervivencia en ese tipo de casos y también daban cuenta de una proporción de nacimientos sin vida con estas características en gemelos evaluados en 1 de cada mil embarazos.
Hasta el día de hoy, más de la mitad de las muertes infantiles que se producen en el vientre de la madre o en el momento del parto se archivan como “inexplicables”, lo que significa que los doctores no pudieron identificar la causa exacta de la muerte hasta la actualidad, aunque se conozcan algunos factores causantes como, por ejemplo, defectos genéticos, físicos, hemorragias previas al parto si la placenta empieza a separarse del recubrimiento interior del útero antes de que el niño nazca, disminución del oxígeno y los nutrientes recibidos, incompatibilidades sanguíneas, y otra serie de problemas diversos.
Tres años más tarde, conmigo ya creciendo felizmente sano, tuvo un segundo embarazo que también fue normal hasta el día del nacimiento, ya que al darlo normalmente a luz a Bruno, (así le habían puesto mis padres a mi otro hermanito), a las pocas horas, dejó de existir.
Mi vieja me cuenta hoy, después de tanto tiempo transcurrido, que ese momento es indescriptiblemente doloroso y que solo una madre que pasa por ese tristísimo trance, sabe lo que se siente. El tiempo apacigua las penas, los desconsuelos, pero no mitiga los golpes ni las heridas. Uno de los momentos más terribles es el que la ley obliga a llevar a cabo con el entierro o incineración del bebé y que por lo general, afronta el padre, pudiendo en los tiempos que corren, delegar ese tremendo trámite en el hospital o sanatorio correspondiente. Mi padre tuvo que atravesar esa circunstancia y fue realmente muy desgarrador.
A veces es increíble cómo funcionan de resorte en nuestras mentes ciertos hechos que se hacen públicos, que toman trascendencia masiva, provocando mecanismos no buscados ni esperados. Estos sucesos puntuales de Verónica Ojeda y Laura Franco, ‘Panam’, originaron en mí una búsqueda de información y hasta una necesidad de escribirlo aquí que no tenía ni remotamente pensado en lo cotidiano, pero que al cabo de estas líneas compartidas con quienes se asoman esporádica o asiduamente por este blog, establecen un vínculo de diversas sensaciones emocionales que terminan por confirmarme definitivamente que nuestro destino está escrito, que todos tenemos un por qué de existir o no existir y que lo mejor que podemos hacer mientras disfrutamos el regalo maravilloso de la vida, es recorrerlo con felicidad, armonía y goce, aunque muchas veces nos agobien ciertas circunstancias, ya sean económicas, amorosas, laborales, etc, porque en realidad es tan fugaz nuestro paso terrenal y tan valioso, que casi es una obligación que tenemos para con nosotros mismos.
Buena vida a todos los que hayan compartido esta historia, que es parte de mi historia.           

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