MOTIVO

Espacio dedicado a toda clase de comentario libre y espontáneo, despojado de intereses de cualquier tipo (y mujer)

sábado, 29 de septiembre de 2012

EQUIDAD, PENSAMIENTO Y REFLEXIÓN

Recorriendo Facebook en esta tarde de sábado tranquilo y relajado para mí, encontré la página de la periodista María Julia Oliván, que siempre me pareció muy buena profesional, seria, auténtica, apasionada, además de atractiva, y seducido por una nota en su muro que ella tituló ‘INDEC: para enemigos hay un montón de gente’, ingresé a www.mariajuliaolivan.com.ar.
Leí, no solo ese post, sino varios más muy interesantes y también descubrí que tiene su programa de radio desde el mes de marzo en FM Delta 90.3, que se llama “Wake Up, despertador personal” de lunes a viernes de 7 a 9 de la mañana (www.fmdelta903.com).
Siempre es estimulante encontrar periodistas como Oliván, que intenta mantenerse al margen de la posición extrema adoptada en los últimos tiempos por la gran mayoría del ámbito periodístico, que ya sea a favor o en contra del Gobierno, se tornan insoportablemente insufribles. Digo esto porque no ayuda en nada ni a nadie, la confrontación extrema que existe en la actualidad tanto de un lado como del otro; no sirve al país que los que simpatizan con las ideas y el accionar del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, defiendan su postura de manera única y absoluta, porque único y absoluto no hay nada, excepto la muerte, y tampoco contribuye decididamente, que aquellos que opinan lo contrario o disienten con las formas y acciones tomadas por el Gobierno, generen una violencia activa y verbal excesiva, que por momentos trasluce odio, despotismo y autoritarismo. En medio del enfrentamiento y esta realidad periodística y social, que le guste a quien le guste hay que respetar, porque estamos en democracia, para eso votamos y por eso debemos y tenemos que aceptar la decisión de las mayorías, nos encontramos todos nosotros, que ya sea de un lado o del otro, ideológicamente hablando, vivimos aquí. Y como muchos ciudadanos que tratamos de mantener la calma, intentando ser objetivos, resaltando lo bueno, advirtiendo lo malo, también existen periodistas que procuran la observación sin fanatismos para ayudarnos a tomar un poco de distancia sobre las pasiones y desenfrenos.
Haciendo el recorrido por los distintos espacios que la página tiene, me sorprendió gratamente encontrar algunos pensamientos y reflexiones personales de María Julia, redactados con gran elocuencia y notable sensibilidad; existen varias introspecciones que me gustaron, pero me quedo con dos textos que me llegaron al corazón, me parecieron emotivos y que rescato para compartir con ustedes, ya que habla un poco de todos nosotros, de nuestra historia, de nuestros viejos, nuestra actualidad y nuestra eterna forma de remar y remar...

UN REGALO PARA ESTE DÍA DE MIERDA

Vas caminando, ahogando sollozos, masticándote la bronca y no podés parar.
Mirás para el piso, o para el móvil, que es lo mismo, y escribís y contestás. Proponés una y otra cosa. Y otra cosa. Susurrás ‘la pucha’ y escribís me encantaría reunirme con vos. Que me escuches unos minutos.
Pensás que el ascenso que le dieron al más chupamedia, te correspondía a vos, que hace tanto la venís remando, que estudiás todo el tiempo y te tomás todo a pecho. Menos el trabajo de cortejar a tu jefe. Buen punto.
Pensás que en tu caso no se cumple la regla ésa que dice que la tercera es la vencida.
Tampoco la que dice que es la cuarta.
Llegás a la parada del bondi. Hoy, es una cuadra. Y escuchás la radio. Es la vez 40 que el tipo del micrófono te dice que hay caos en la ciudad y que no anda en subte. Que te armes de paciencia y no sé cuántas cosas más.
Vos porque no estás acá, nabo!, susurrás.
Pero el tipo se ríe y te hacés la película de lo fácil que sería tu vida si estuvieses en su lugar.
Te imaginás riéndote de todo si pudieses dedicarte a lo que te gusta. Si tan sólo u ipo te diese la chance de mostrar quién sos.
¿No te das cuenta lo que valgo? ¿Lo que te estás perdiendo al no darme el laburo?, le decís al grupo de tipos que ni te contesta el teléfono.
Viene l bondi y no podés subir porque no entra ni una hebillita. Esperás otro.
Bajás la radio pero te dejás los auriculares puestos para que la vieja que tenés adelante no te agarre de punto para quejarse. Como quien no quiere la cosa, escuchás lo que dice.
-¡Qué desastre! Se la roban toda y en nosotros, ¿quién carajo piensa?
Te mira buscando complicidad, pero te hacés el boludo. No estás para contener a nadie.
Mentalmente te ponés a repasar las cuentas. ¿Qué hago?
Algo se me tiene que ocurrir. Hacés cálculos y no te alcanza. Pensás por dónde recortar y como eso ya lo hiciste, elegís a quién le vas a deber este mes.
Entonces, te distraés por un rato y te acordás de tu viejo.
Se murió el viejo. Pero cuando murió a los 63, nunca se había tomado un domingo de feriado… el viejo!
Se murió sin canas, de un puto cáncer. Justo cuando se había enamorado de nuevo.
Te acordás de su vida. Y de lo que te contó que fue la vida de tu abuelo.
Tu viejo, que hubiese querido ser escritor o cantor de tangos, pero empezó a limpiar una panadería a los 12.
Tu viejo, que a los 20 andaba con el “Aleph” de Borges bajo el brazo para que las minas creyesen que era un intelectual. Es el mismo que tenés ahora en tu biblioteca.
Y que se había fabricado un carnet de periodista profesional, también para levantar minas cuando iba con esa pinta compadrona a bailar.
Y pensás en tu vieja. Que trabajó tanto y que ni en su mejor momento económico gastó un mango de más.
Que se pone contenta con ahorrar incluso ahora que cobra la mínima. ¡Qué caso tu vieja! No se toma un remís ni que la maten. Para ahorrar por si vos necesitás algo.
¡Y cómo la supo remar en los momentos complicados! Porque así es este país. Nunca te podés relajar mucho, no?
Te acordás cómo los dos tipos que te trajeron al mundo la remaban y la remaban. Se inventaban una y otra vez para salir adelante.
Llega el bondi. Te subís y buscás en el mp3 esa canción que escuchabas a los 12, cuando creías que el mundo iba a ser como vos lo planeabas.
Canturreas un rato y mirás adentro tuyo.
Tu alma te mira de cuclillas con ojos abiertos. Con pena y con resto. Te dice que tenés resto.
Que sos el hijo de tal y de cual y que ellos nunca se achicaron. Tampoco te prepararon para abandonar ni para quedarte en el molde.
Te acordás que tu papá te gritaba brava, hija, brava! Y vos corrías como el viento para demostrarle que, de verdad, lo eras.
Pensás que, se den o no cuenta, vos tenés pasta de campeón.
Agarrás ese alma apichonada y la ponés de pie.
Y juntos, inventan un nuevo plan.
Esta vez, la cosa va a funcionar.

MARÍA JULIA OLIVÁN


NO AL PUTO MIEDO

Miedo a los chorros. Miedo al cepo cambiario. Miedito a Cristina. Miedo a Etchegaray. Miedo a Macri. Miedo a la derecha y al zurdaje. Miedo a la aduana.
Miedo al amor. Miedo a la soledad.
Miedo a no progresar. Miedo a no procrear. Miedo a no producir. Miedo a que no me llamen. Miedo a que me llamen.
Miedo a no poder ahorrar. Miedo a no llegar a fin de mes. Miedo a viajar en el Sarmiento. Miedo a que no me aumenten el sueldo. Miedo al jefe. Miedo al empleado.
Miedo a la iglesia. Miedo a Dios. Miedo a los putos y a los trabas. Miedo a los intolerantes.
Miedo al tachero. Miedo a que River descienda. Miedo a que la selección no repunte. Miedo a que roben mi auto. Miedo a que me roben el novio. A que me roben el amante. A que me roben el reloj que me salió un montón de guita y compré afuera. Miedo a no poder comprar más nada en Miami. Miedo a que se equivoque mi contador y esté pagando de más. Miedo a pagar todo y que no me quede nada.
Miedo a vos que me mirás y me desnudás. Miedo a vos que ni me mirás. Miedo a ella que tiene una mirada de trazo grueso. Miedo a él que no ve nada. Miedo a enfermarme. Miedo a ser feliz.
Miedo al panic attack.

Nada bueno puede salir de eso.

MARÍA JULIA OLIVÁN

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