MOTIVO

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viernes, 1 de junio de 2012

ARGENTINIDAD AL PALO


La argentinidad al palo, además del título de una canción de Bersuit Vergarabat, es una frase que nos posiciona en nuestra idiosincrasia en tiempo y espacio, ya que es una compacta y concreta idea de nuestra forma de actuar como sociedad, como país, que sirve para cualquier orientación política, partidaria.
La argentinidad que muchas veces confundimos con irracionalidad, irritabilidad o irresponsabilidad, hace que estemos al palo en distintas ocasiones, porque muchas otras veces a lo largo de la historia, nos damos con un palo a nosotros mismos, o generamos que esos palos nos atemoricen y nos callen.
No voy a hacer un análisis social de nuestra identidad argentina y tampoco repartiré palos para describirnos como país, como nación, sino que simplemente quiero reflexionar sobre la complejidad que nos caracteriza como ciudadanos de esta tierra bendita en tantos y tan amplios aspectos.
Desde que tengo uso de razón, o por lo menos, desde que empecé a tomar conciencia del significado y la importancia que tiene para todos la política, soy testigo de las antinomias, de las ideas enfrentadas, de las distancias ideológicas y esos eternos enfrentamientos, lo único que logran es más alejamiento entre los que piensan diferente.
Estoy totalmente convencido de que la mejor forma que tiene un país para vivir es el sistema democrático, donde todos puedan expresarse, donde todos tengamos la libertad de decir lo que pensamos, todos vivamos en comunión, más allá de los disímiles puntos de vista de unos y otros.
Antes, eran los partidos políticos los que generaban movilizarnos, ahora son las personas elegidas las que nos apasionan o irritan, pero siempre somos nosotros, los que habitamos nuestro territorio, los únicos beneficiarios o perjudicados de nuestro propio accionar ciudadano.
No soy partícipe de la discusión ni de la pelea; creo que ninguna confrontación que contenga una cuota de agresividad, es positiva, aunque casi inevitablemente es lo que vivimos hoy y lamentablemente, hemos transitado reiteradamente a lo largo de los doscientos dos años democráticos que estamos cumpliendo en este 2012 (con algunas interrupciones forzosas de períodos oscuros, nefastos que nunca más debemos soportar).
No voy a referirme a los que se alinean de un lado de quienes nos gobiernan, creyendo que todo está bien y tampoco de los acérrimos contras, que todo lo ven con malos ojos y “fogonean” insistentemente para que todo esté mal; voy a dar mi opinión de ciudadano común que quiere de todo corazón que a TODOS nos vaya muy bien.


No es fácil lograr la unidad de pensamientos en su totalidad, ciento por ciento, nada fácil, siempre existieron, existen y existirán diferencias, pero me parece que es momento de darnos cuenta que lo mejor para TODOS es ser más contemplativos, más abiertos, más moderados y menos pasionales, menos extremistas, menos inflexibles. Quizás es utópico lo que pido, quizás sea casi imposible, pero tengo la sensación de que es lo más inteligente para el bienestar común.
Un punto central, vital para que Argentina mejore definitivamente es cumplir realmente con lo que se dice. Los políticos acostumbran a prometer cosas que después, muchas de ellas, quedan en el camino, inconclusas, sin realizar y empiezan a  mediar presiones, conveniencias del sistema ya establecido que hacen inviable las buenas intenciones transmitidas. A lo mejor, el comienzo real de un cambio a lo ya establecido, sea terminar con la corrupción, con los “arreglos”, con los “curros” y también con la hipocresía, no solo de los funcionarios públicos sino también de nosotros mismos, los ciudadanos, que le damos nuestro apoyo mayoritariamente a un candidato/a y después pareciera que nadie lo/a votó.
Coincido en muchos aspectos y decisiones de este modelo que nos gobierna desde 2003 y soy consciente de que existen muchas cosas por hacer, corregir y mejorar; también creo que aquellos que no comparten las formas y el manejo político actual, están tan fanatizados en denostar el esquema como los que lo defienden a rajatabla. No comparto ni una cosa, ni otra. Nada que tenga relación con la intransigencia, la intolerancia y la "bravuconada", me gusta y sí apoyo el apasionamiento y el entusiasmo desde la mesura y la prudencia.  
Argentina es nuestra patria, la tierra donde descansan nuestros antepasados y en la que criamos a nuestros hijos, el lugar que nos despierta un sentimiento difícil de explicar muchas veces, pero que es parecido al amor. Un amor difícil, voluble, cambiante, sensible, que nos tiene que hacer notar la importancia de la razón, del entendimiento, dejando de lado los egoísmos, anteponiendo la dignidad fundamentalmente, que trae consigo educación, salud, seguridad, servicios sociales, todo lo que nos merecemos los que trabajamos honestamente para crecer y progresar con libertad y sin complejos.
Reitero, corrupción hubo siempre y lamentablemente es uno de los principales males que nos impiden crecer como país, cosa que si pudiéramos corregir, otro sería el cantar, pero también el enfrentamiento permanente es otro gran mal que nos aqueja, la manera de llevar a los extremos cualquier discusión, poniéndonos de una vereda sin siquiera pensar en cruzar a la otra para intentar un acercamiento, una concertación. No quiero más que mi país, nuestra bendita Argentina, sea un espacio donde no se puede acordar, donde la destrucción sea una forma de construir política, y lo digo, nuevamente, por los de un lado y por los del otro, sin diferencias. Deseo abiertamente y desde las mejores intenciones y pensamientos que de una vez por todas, nos demos cuenta que tenemos TODO para ganar, pero desde el acercamiento, la comprensión y la amplitud de criterios.


Argentinidad al palo, con nuestras contradicciones, exitismos, decadencias, maravillas, tragedias, alegrías, con nuestros alimentos para brindárselos al mundo que los necesita, con nuestros recursos naturales, nuestra buena gente, solidaria, pacífica, de buena voluntad, con esos argentinos al palo que deberían ser igual de inteligentes, pero menos “chantas”, igual de hospitalarios, pero más solidarios, igual de creativos, pero más disciplinados, igual de emprendedores, pero más respetuosos de la ley, con todos esos valores muy nuestros que van de la mano de un disvalor que nos contrapesa.
Argentinidad al palo, pero a favor de nuestro bien común.

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